El Blog Púbico

Beso Blanco - Tercera Parte



Desde que me mudé, he tenido unos días bastante intensos y llenos de trabajo. El martes nada más instalarme, una desconocida me ofrece unas maravillosas e intrigantes vistas al otro lado de la calle, sin nombrar nuestra afortunada coincidencia en el supermercado. No voy a mentir, aunque he tenido unos días llenos de trabajo, he dejado que mi mente de vez en cuando escapase y reviviera nuestro breve encuentro. ¿Coincidencia o casualidad? Creo que cada uno tiene el derecho de dejar que las cosas sucedan o de provocar que ocurran, pero eso depende de cada uno.


-Bueno, pondré al día lo que me falta del trabajo y empezaré a buscar algo para esta noche- La verdad es que tengo muchas ganas de que sean las 20:00. Tengo en mente que ropa me pondré. Por lo que ella dijo, seria cenar, pero quien sabe, es mejor ir preparado para la ocasión.

De repente suena el timbre y me apresuro a contestar.


- ¿Quién es? - Pregunto a través del telefonillo con curiosidad


-El mensajero. Vengo a dejar un paquete para un tal ‘’ElmiRon’-


En aquel momento no lo entendí. Abrí la puerta para decirle al mensajero que debía de tratarse de un error. No conocía a ningún ‘’Elmi’ y menos de apellido ‘’Ron’. Vamos, aquí no vive ningún amigo familiar de Harry Potter.


-Buenos días señor. Necesito que me firme aquí- Me dijo el mensajero con algo de prisa. Deben de ir de culo para estar repartiendo un sábado…


-Verá, creo que hay un error. Aquí no vive nadie que se llame así- Le digo a modo de corrección.


-Aquí pone que es para el 3r piso. Una aparta estudio, y en la información vuelve a poner la dirección para recalcarlo-


En aquel momento me emocioné, a la vez que me invadía un sentimiento de intriga e incertidumbre. ¿Quién me ha enviado un paquete? Nadie sabe que vivo aquí.


Cual niño pequeño en navidad, firmé la entrega del paquete y acto seguido fui al salón. Puse el paquete sobre la mesa y empecé a abrirlo. A medida que lo abría, notaba que era algo más irregular hasta que saqué la última capa de papel que lo envolvía.


-Ostia, pero… ¿y esto?- De nuevo me invadió la duda de si habían entregado el paquete en la dirección correcta. Al darle la vuelta observé una nota enganchada que ponía ‘’Para que esta noche te miren a ti


-No me jodas!!- Cogí de nuevo la parte en la que ponía el nombre y la dirección y lo entendí. No es ‘’Elmi Ron’ es ‘’El Mirón’.


-Jajajaja. Esta tía es la ostia- La verdad es que me llenó de euforia y felicidad ese paquete. Quien diría que una camisa y unos calzoncillos me llevarían a experimentar tantas emociones juntas.

Decido por terminar el trabajo pendiente que me queda para recoger a la desconocida en unas horas.


A medida que pasa el tiempo y se acerca la hora comienzo a impacientarme. Ese extra de motivación por parte de ella no me lo esperaba. Es como si leyera mi mente. Eso me lleva a pensar dos cosas, que los hombres somos muy previsibles, o que las mujeres saben conocernos bien.


Claro esta que de momento el partido lo va ganando ella. No sé que cartas jugar ni como, así que haré lo que mejor se me da. Improvisar.


19:30: Tengo los pantalones puestos y la interior, a la espera de que sea algo más tarde para acabar de prepararme.

19:35: He mirado 14 veces el móvil para ver la hora.

19:39: Hago un repaso en redes sociales y me desvío a YouTube.

19:58: Se me ha ido la olla viendo vídeos de memes absurdos colgados por alguien que tiene más tiempo libre que yo y debo darme prisa.


Me apresuro y me pongo la camisa que me ha llegado hoy. La verdad es que es el tipo de camisa que nunca me compraría, pero al vérmela puesta todo fue diferente. Casi sedosa de un color vino tinto oscuro y detalles rojos en las mangas.


-A ver: Llaves, móvil, cartera. Listo- Cierro la puerta y sin perder tiempo, bajo.

Hace una noche fresca. Nada importante como para llevar chaqueta.

Cruzo la calle y veo una silueta. Me imagino que es ella. El portal esta debajo de sus ventanas.


-Hey. ¿A dónde vas? - Antes de girarme, aprovecho para soltar esa sonrisa de alegría al escuchar su voz.


-Se supone que tengo que recoger a alguien- Le digo después de girarme con un tono gracioso y una pizca de sorpresa.


- ¿Una cita? – Me pregunta con descaro enmascarado de sorpresa


-Eso depende de ella, no de mí, aunque a juzgar por sus gustos en lo que respecta la ropa parece si- Le digo limpiando mi camisa y reorganizando mi cuello. Coquetear en tercera persona es algo que puede decirte mucho de la otra persona, y sobre todo, para hablar de uno mismo también.


- Bueno ¿A dónde me vas a llevar? – Me pregunta al mismo tiempo que me coge de gancho del brazo.


- Pues iba a dejar que decidieras tú. Ya que te gusta llevar la iniciativa, que mejor manera de que me enseñes algo –Sé que podría haberlo dicho de otra manera, pero vamos a poner más interesante el asunto.


- Aquí cerca hay un restaurante al que le tengo mucha curiosidad. Creo que sería la ocasión perfecta para ir. ¿A que sí? – Pues sí. Tiene toda la razón.


-De acuerdo. Me parece bien- Le contesto con ansias de poder llegar y profundizar más en ella.

Al llegar al restaurante, me ofrezco sostener su abrigo mientras se lo quita. Lo acomodo en su asiento y lo preparo para cuando se vaya a sentar.


No tardo mucho en caer seducido. Viste de una manera increíble. Unos tacones negros que brillan por las lámparas de luz natural de las mesas. Subo despacio por unas piernas que parecen suaves como la seda hasta sus rodillas, donde un vestido negro tipo evasé comienza a detallar una figura femenina delicada. Observo como la figura de sus glúteos pronuncian una curvatura casi perfecta que conecta con una espalda casi descubierta. Puede ser una autopista erógena en la que moriría por exceso de placer. Puede ser un desierto en el que sobreviviría solo con el rocío que su cuerpo me ofreciera.


-Eres todo un caballero- Me dijo, fingiendo no haberme visto como la miraba. Como la observaba.


Entramos en un ambiente de confianza al instante. Hablamos sobre nuestros gustos musicales, sobre películas y sobre las personas que había en el restaurante en ese momento. Conectamos de una manera que hacia mucho no lo hacía. De una manera que había olvidado por completo.


-Cuando estuve en tu estudio no vi fotos ni pareja- Mencionó ella cambiando de tema.


-Eso es por que no la hay. Viajo mucho y me cuesta mantener algo serio. Aunque aquí me voy a quedar una temporada más larga- Me gusta que saque el tema. Ahora es mi oportunidad.


- ¿Y tú? No quiero sacar conclusiones, pero, ¿aquel hombre era tu pareja? - Por fin podré obtener más información.


- ¿Por qué estás tan seguro de que era un hombre? – Me preguntó con mirada analítica y esperando una respuesta sobre la cual diría mucho de mí.


-Es lo primero que por lo general se piensa. Tampoco vi como o que era, si un hombre o una mujer, así que es una conjetura- Le respondo de manera lógica y real. En una situación así se piensa en el género contrario a no ser que existan otras evidencias.


-No era un hombre. Era una mujer- Me contesta, satisfecha de mi respuesta.


-Y por alimentar el morbo de mi curiosidad. ¿Cómo acabasteis liadas? - Le pregunto curioso sobre tan interesante anécdota.


-Bueno, aunque es una historia un poco larga, te la resumo. Es una chica que conocí por un amigo. Coincidimos varias veces en algunas quedadas y parece ser que le guste, y desde entonces me ha comido la oreja con que debía de probarlo, hasta que me dijo que podía ser capaz de darme más placer que un hombre- Me dijo con una medio sonrisa picarona, pero sin perder la clase.


-A ver, disfrutar disfrutaste, eso pude verlo- Le digo, esperando que me diera más información sobre su lésbico encuentro.


-Tengo que reconocer que lo hizo muy bien. A ver, hay hombres que también saben encontrarte el punto, pero lo que me lanzo a llevármela a casa fue el hecho de que estuviera tan segura. Así que tuve que averiguarlo- Contestaba relajada y recordando esa velada. Velada que yo recuerdo de otra manera.


-Es evidente que cada mujer es diferente. Hay detalles que pueden revelarte mucho sobre sus gustos o su forma de ser en la intimidad. Creo que cuando dos personas son compatibles es por que hablan el mismo lenguaje corporal. También hay personas que saben leer ese lenguaje y les da una cierta ventaja respecto a los demás. A veces el ganador no es el más fuerte, sino el más observador-


- ¿Y qué has sacado en conclusión sobre mí? - Me pregunta de forma neutra, pero escondiendo algo.


-Por lo que vi desde mi ventana sé donde está el centro de tu placer. La pregunta que me hago ahora es, ¿Hasta dónde has llegado a descubrir que puede ser placentero y que no? –


-Dame un segundo- Me dijo, mientras se levantó y fue al baño.

En aquel momento me quedé cortado, solo y con la conversación en mi cabeza, repasándola e intentando saber que podía haber ido mal. Pocos instantes después, veo como regresa a la mesa y toma asiento.


-He ido al baño a quitarme esto. Así puedes argumentarme mejor tu postura- Me dice, mientras con afán de llevar la iniciativa, me da unas braguitas negras sin costuras, suaves, casi puedo estar tocando su piel a través de tan vulgar y excitante prenda de ropa.


-Podríamos mantener muchos tipos de conversaciones, pero me gustaría que tus labios me contaran más sobre ti. Una conversación donde podamos hablar el mismo lenguaje sin que las palabras interrumpan-


-Mis labios pueden llegar a ser muy vulgares y son desobedientes-


-Entonces me uniré a su desobediencia. Esperaré a que bajen la guardia y les susurraré lisonjas para que me enseñen el camino hacia el lugar en el que tus impulsos se te hacen rebelde. Dime como hablas y te diré como comes-.


En ese momento, pude ver su carótida,pum,pupum,pupum,pupum, como su respiración aumentaba por momentos mientras que presionaba sus piernas una junto a la otra.


-Creo que es momento de acabar esta conversación en otro lugar. Nos vamos- Contesto de forma afirmativa y dominante, enseñando el tiket de pago de la cena, levantándose y cogiendo su abrigo.


-Antes de irnos, me gustaría saber cuál es tu nombre- Le pregunté.


-Arlet, mi nombre es Arlet. ¿Vamos a mi casa?

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