El Blog Púbico

Beso Blanco - Cuarta Parte


Light Up The Weekend – Ben Sass (Music Theme para escuchar en la lectura)

Hay algo que todos nos hemos preguntado alguna vez respecto a alguien. ¿Cómo será en la cama? Descubrir la intimidad de otra persona es algo fascinante. Me emociona.


De camino a su casa, me coge del brazo, me mira, y me lanza una sonrisa. Tengo la situación controlada. El viento sopla a favor. Conozco muy bien los momentos y los colecciono. Si, los momentos pueden coleccionarse.


-Ahora descubrirás que hay tras la ventana por la cual nos vimos la primera vez- Me dijo, mientras abría la puerta de su casa y me miraba por encima de su hombro.


Aunque llevaba un calzado algo alto, su estatura seguía delatándola. Algo tan delicado debería de ser tratado con suma delicadeza. Descubrir el limite que puede soportar un cuerpo como el suyo embriagado de placer es como rascarse una picadura sin que llegue a doler.


-Podríamos tomar algo, hablar y reconducir el tema de conversación hacia lo que hemos venido a hacer, o…- Le digo, mientras dejo el móvil y las llaves encima de una especie de mueble bar.


-…O …que? – Me pregunta, mientras descalza sus delicados pies, entrando en contacto con la alfombra que abarca todo el salón.


-O puedes seguir las instrucciones que voy a darte mientras mantienes los ojos cerrados- Le contesto. Firme, suave y con una subliminal orden que le hace entender que ahora el control es mío.


-A veces el control es una fantasía provocada por una situación que nos hace sentir seguridad- Me contesto, mientras cerro los ojos, y con suma delicadeza, deslizó sus dedos por sus hombros, dejando caer ese hermoso vestido que tan acaricidamente la cubría.


Respiro hondo y suelto muy despacio el aire. Noto como el instinto predatorio toma forma. Una presa, un objetivo.


Me acerco a ella, contemplando su figura. Una delicada figura de mujer llena de vida, segura, y con deseo de ser dominada por el placer del descubrimiento mutuo.


-Incluso sin estar cerca de ti, puedo oler la fragancia que desprende tu cuerpo- Le susurro al oído, mientras toma conciencia de su posición.


-No será rápido- Le susurro de nuevo. Mientras guardo en mi memoria el olor de su cabello. Su cuello, suave y calido, me invita a rozar mis labios con el camino que desciende hacia sus pechos, aunque disfrutare un poco más de esta erógena zona tan placentera.


-Tampoco voy a dejar que llegues a la meta cuando quieras. Recuérdalo cuando estés a punto de cruzar la línea. Yo controlo la carrera-


-Lo tendré… Ah… muy presente...- Me contesto, en medio de un preludio de ebullición provocado por la curiosidad de mis labios en su cuello.


Siento como su pulso cada vez es mas fuerte y rápido. Tomo un pañuelo que hay en el sofá y vendo sus ojos.


Con mucho cuidado, la conduzco a un amplio sofá. Trato su sensual ser como trataría un relojero su creación. Escucho como sus latidos toman forma. Algo en su interior esta a punto de estallar y debo controlar esta bomba de relojería.


Antes de ofrecerle asiento, relajo sus pechos quitándole esa vulgar prenda que aprisiona y somete esos dos puntos cardinales que mamaria sin piedad. Pero todo a su tiempo.

Toma asiento con la ayuda de mi mano en su espalda. Se sienta de forma segura y se recuesta hasta el fondo.


Una vez relajada la presa, el instinto predatorio, hambriento de placer, intenta tomar el control. Es como controlar una bestia que intenta escapar solo con palabras. Domesticar impulsos primarios es fácil, pero esto se complica cuando eres capaz de detallar cada movimiento, cada respiración. Imagina poder sentir lo que siente otra persona cuando rozas su cuello, su oreja, su cuerpo. Un nivel de empatía que sirve de alimento para una bestia poseída por el placer que emana cada rincón de ese cuerpo, sentado y a la espera de ser tomado.


Observo como moja sus labios. Su respiración, acelerada, me conduce a rozar mi mejilla contra su pierna. Si no supiera que es ella, juraría estar pasando sobre mi mejilla seda con olor a lujuria. Abro los ojos y asciendo despacio, sin perder detalle de la gloriosa imagen de la escalada al placer. Cerca de un podado jardín, yace impaciente un manantial. El sonido del placer es eróticamente excitante. Dos individuos que entablan una conversación que va más allá de las palabras. Los dedos de sus pies, tan finos y delicados, son los primeros en sucumbir al deseo no escrito. Sus muslos le susurran a mis oídos las palabras que el movimiento de su vientre desea que le haga a su cuerpo.


-Por una vez, hare lo que tu cuerpo está pidiendo, pero será lo único que hare por el-


Con una sonrisa de placer dibujada en su cara, me acerco a susurrar con mis labios un lenguaje que pocos afortunados somos capaces de entender. Un lenguaje que, a falta de palabras, desata mas verbos suciamente disfrutados en boca de ambos.


El poder del pensamiento y la imaginación, pueden activar zonas de nuestro cerebro que provocan cosas increíbles. Pero el hecho de rozar sus labios con los míos desata un flujo de placer encadenado por su voz y un movimiento ondular que provoca este pequeño encuentro.

Mi lengua, curiosa y tentadora, surca el rio que humedece la senda que conduce al placer. Saboreo cada milímetro de tan maravilloso ascenso. Su boca, recibe una bocanada de aire. Parece que le gusta.


Incluso el deseo puede verse tentado por una prolongada espera que termina por desatarse en un impulso involuntario por el cual deseamos que todo termine. Pero le dije que no iba a ser rápido.


Deseo. Que palabra tan peculiar. Puede usarse de muchas formas. Desear a alguien no es lo mismo que desear algo. Un deseo puede ser fugaz, o puede ser permanente. Esta claro que su deseo es correr a la meta. Pero el mío es retenerla.


Sacio mi sed de deseo gota a gota. En agradecimiento, le dedico un pase rápido y fuerte allí donde se concentra el centro del placer. Ese punto de terminaciones nerviosas que puede llevarla a las estrellas en una décima de segundo.